• By Soledad Andrade

Conflictos familiares y otras preocupaciones de índole no física del paciente antes de la cirugía para cáncer aumentan el riesgo de complicaciones

September 12, 2014

Estudio plantea que satisfacer las necesidades no médicas del paciente antes de la operación puede ayudar en la recuperación y reducir el costo de la atención médica

ROCHESTER, Minnesota: La buena recuperación del paciente después de la cirugía para cáncer puede depender no solamente de la enfermedad o de la operación, sino también de los conflictos familiares y otros problemas no médicos que pueden aumentar el riesgo de complicaciones quirúrgicas, descubrió un estudio de Mayo Clinic. La investigación plantea que prestar atención a esos problemas de la calidad de vida antes de la Niña triste que mira por la ventanaoperación puede disminuir el estrés del paciente, acelerar la recuperación y reducir el costo de la atención médica. El estudio analizó específicamente a pacientes con cáncer de colon y descubrió que una mala calidad de vida triplicaba la probabilidad de enfrentar graves complicaciones postoperatorias.

Los resultados se publicaron en Journal of Gastrointestinal Surgery (Revista de Cirugía Gastrointestinal).

“Es sabido que la calidad de vida es un asunto muy complejo, pero ahora se lo puede medir y tratar casi igual que la presión arterial”, comenta la autora principal del trabajo, Dra. Juliane Bingener, cirujana gastroenteróloga de Mayo Clinic en Rochester. “Ahora podemos decir que algo está bien y que se encuentra dentro del rango normal, pero también que aquello no está bien y que quizás se debería hacer algo al respecto”.

La calidad de vida medida por el estudio va más allá de la felicidad y de cuán bien se siente una persona físicamente porque incluye otros aspectos de la vida, como el económico, el espiritual, el emocional, el mental y el social, así como cuán satisfechas están las necesidades del paciente.

Los científicos estudiaron a 431 pacientes sometidos a cirugía del colon y descubrieron en 13 por ciento de ellos la existencia de algún déficit en la calidad de vida antes de la cirugía, deficiencia que se definió como una calidad general de vida menor a 50 en una escala de 100 puntos.

De los pacientes que ingresaron a cirugía con algún déficit en la calidad de vida, casi el triple enfrentó graves complicaciones postoperatorias, a diferencia de quienes obtuvieron puntuaciones normales o buenas en su calidad de vida. Los pacientes con complicaciones postoperatorias permanecieron en promedio 3,5 días más en el hospital que quienes no las tuvieron.

“La pregunta que exploro es si se puede hacer algo para ayudar al paciente a lidiar con el estrés cuando su calidad de vida se encuentra en la zona roja antes de la cirugía, a fin de equiparlo mejor para atravesar por la cirugía”, anota la Dra. Bingener.

Intervenir con terapia conductual u otro tipo de ayuda para prevenir complicaciones sería factible y costaría menos que la estadía en la UCI debido a una infección postoperatoria, dice la Dra. Bingener.

El estrés puede debilitar la respuesta inmunológica de los pacientes y colocarlos en mayor riesgo de contraer infecciones. La perspectiva del paciente respecto a la vida también puede influir sobre cuán activamente se esfuerza en recuperarse.

“El paciente se somete a la operación y está allí acostado con dolor, preguntándose si logrará levantarse y volver a caminar alguna vez, y por qué debe hacer los ejercicios respiratorios cuando no tiene ganas. Ese paciente podría contraer neumonía más rápidamente que otra persona que piensa en que debe levantarse porque tiene una buena razón para vivir, porque disfruta de la vida y desea recuperar todo eso cuanto antes”, explica la Dra. Bingener.

El estudio es parte de un trabajo continuo realizado por Mayo para identificar y tratar los factores que influyen sobre la recuperación del paciente después de la cirugía para cáncer, a fin de mejorar los resultados. Hace años, a los médicos solamente les preocupaba que el paciente sobreviviese el cáncer porque la supervivencia era algo difícil de lograr; pero ahora, hay más conciencia respecto a cuánto influye la mente sobre la salud física, acota la Dra. Bingener.

“Actualmente se entiende mucho mejor que los pacientes no son sólo un cuerpo enfermo, sino que tras ello hay una persona completa y que todo actúa de manera conjunta”, apostilla la Dra. Bingener. “Ahora que los pacientes pueden sobrevivir el cáncer, queremos que lo logren manteniendo su vida lo más normal posible; además, creemos que esa es la manera más económica de hacerlo”.

El estudio actual fue financiado por el subsidio K23DK93553 del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales.

La autora experta del estudio es la Dra. Heidi Nelson, cirujana de colon y recto que ostenta el título de Profesora Fred C. Andersen y es presidenta del Departamento de Cirugía en Mayo Clinic de Rochester.

La investigación utilizó datos de los Resultados Clínicos de la Terapia Quirúrgica (COST, por sus siglas en inglés), ensayo NCCTG 93-46-53, financiado por el Instituto Nacional del Cáncer, conjuntamente con el Grupo de la Región Norcentral para el Tratamiento del Cáncer. La Dra. Nelson fue la investigadora principal del ensayo COST.

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