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Posted by Soledad Andrade (@soledadandrade) · Fri, Mar 28 at 12:07pm EDT

Mayo Clinic Health Letter: Puntos destacados de la edición de marzo de 2014

ROCHESTER, Minnesota — 21 de marzo de 2014 — Estos son los puntos más destacados de la edición de marzo de Mayo Clinic Health Letter. Puede citar esta publicación con la frecuencia que desee, pero para reimprimirla debe pagar una cuota.  Es necesario hacer referencia a Mayo Clinic Health Letter; por lo que según sus políticas editoriales, incluya la siguiente información para suscribirse: Visite http://www.HealthLetter.MayoClinic.com  o llame gratis para solicitar información sobre suscripciones al 800-333-9037, extensión 9771.

 

Síndrome del intervalo QT largo: malas señales eléctricas dentro del corazón pueden causar desmayos y convulsiones

Ilustración de un ECG durante un intervalo QT normale y un intervalo QT prolongadoEl síndrome del intervalo QT largo ocurre cuando la actividad eléctrica del corazón demora más de lo debido en regresar a la normalidad después de un latido cardíaco y puede conducir a ritmos cardíacos potencialmente peligrosos. La edición de marzo de Mayo Clinic Health Letter explica la afección y por qué es peligrosa.

El síndrome del intervalo QT largo puede ocasionar latidos cardíacos rápidos y caóticos que derivan en desmayos, convulsiones e incluso muerte súbita. Cuando se sospecha la existencia del intervalo QT largo debido a un desmayo o a antecedentes familiares, el médico posiblemente sugiera realizar varios exámenes, empezando por el electrocardiograma (ECG).

El ECG mide las ondas eléctricas del corazón, identificadas con las letras Q a T del alfabeto, y crea un gráfico que muestra la actividad eléctrica de las cámaras inferiores del corazón. El tiempo transcurrido entre el inicio de la onda Q y el fin de la onda T, o sea el intervalo QT, muestra cuánto demora el corazón en contraerse y volver a llenarse de sangre. A veces, el primer indicativo del síndrome del intervalo QT largo aparece en un ECG realizado debido otra afección, y son muchas las personas que padecen la enfermedad sin presentar síntomas observables.

El intervalo QT prolongado puede deberse a un trastorno genético del ritmo cardíaco. La primera pista de la herencia familiar de un síndrome del intervalo QT largo puede ser la muerte inexplicable de un pariente niño o joven. Por otro lado, la afección también puede ser adquirida. Docenas de medicamentos de uso común pueden prolongar el intervalo QT, incluso en gente que por lo demás es sana, y entre los ejemplos están ciertos antibióticos, antidepresivos, antihistamínicos y algunos fármacos utilizados para la diabetes. Las enfermedades, por su parte, también pueden ocasionar el síndrome del intervalo QT largo; y entre ellas están los trastornos alimenticios, las enfermedades que ocasionan diarrea o vómito fuerte, algunas afecciones de la tiroides y la diabetes.

En el síndrome del intervalo QT largo congénito, los beta bloqueadores son la primera línea de tratamiento porque ralentizan la frecuencia cardíaca y disminuyen la probabilidad de entrar en un ritmo peligroso. Por otro lado, el desfibrilador cardioversor implantable (DCI) también puede detener arritmias potencialmente mortales; dicho dispositivo se considera en pacientes con alto riesgo y en quienes sobrevivieron un ritmo cardíaco anormal disparado por el intervalo QT largo. Realizar cambios en los medicamentos y otras alternativas de tratamiento pueden mejorar el síndrome del intervalo QT largo.

 

Enfermedad arterial periférica: cuando la salud del corazón afecta las piernas

La edición de marzo de Mayo Clinic Health Letter explica por qué es importante revisar la presión arterial simultáneamente en brazos y piernas en las personas mayores.

La razón es la enfermedad arterial periférica (EAP). Se calcula que entre 15 y 20 por ciento de adultos de 70 años o más padece la enfermedad arterial periférica, afección que causa dolor o molestia en las piernas al andar y pasa con un poco de reposo. Sin tratamiento, la enfermedad arterial periférica puede empeorar, derivando en dolor incluso en reposo, heridas en la pierna que no cicatrizan y hasta amputación.

La causa más común para la enfermedad arterial periférica es el endurecimiento y estrechamiento de las arterias, enfermedad conocida como ateroesclerosis. Las arterias estrechas reducen el flujo sanguíneo hacia los órganos y extremidades. Entre los factores de riesgo están la edad, el hábito de fumar, la diabetes, la hipertensión y malos niveles de colesterol.

Los primeros síntomas de la enfermedad arterial coronaria suelen implicar dolor o molestia en las piernas que siempre se presenta después de hacer ejercicio o caminar, generalmente en los músculos de las pantorrillas. El dolor desaparece después de varios minutos de permanecer de pie. Otros síntomas podrían incluir incomodidad, pesadez, ardor o pérdida de la fuerza en las piernas; también pueden presentarse ciertas sensaciones en los muslos, caderas, nalgas y músculos de la pantorrilla.

Cuando la enfermedad arterial periférica avanza, el dolor o molestia de la pierna puede surgir en reposo y llegar a ser tan fuerte que impide el sueño. La disminución del flujo sanguíneo puede provocar frío en las piernas y pies, cambios en el color de la piel, llagas que no cicatrizan en las piernas o pies, y por último, la muerte de los tejidos que podría requerir amputación.

Alrededor de 50 por ciento de las personas con enfermedad arterial periférica presenta síntomas, mientras que otros sólo tienen síntomas vagos, de manera que es fácil pasar por alto la afección. Por ello, se recomienda realizar exámenes de detección para la enfermedad arterial periférica a partir de los 65 años, o desde los 50 años en los adultos con antecedentes de tabaquismo o diabetes. Los exámenes se realizan en el consultorio médico, comparando las lecturas de la presión arterial de brazos y piernas.

El tratamiento de esta enfermedad implica aplicar tácticas para mejorar la salud cardiovascular, tales como dejar de fumar, hacer ejercicio a diario o casi todos los días, y mantener un peso sano. A fin de reducir el dolor, el médico puede recomendar un programa de caminatas supervisado que incluya andar hasta que se presente el dolor, descansar, y luego volver a andar. Dicha táctica sirve para enseñar a los músculos a aprovechar el oxígeno con más eficacia. Por lo general, se observa una mejora de 150 por ciento en la distancia recorrida y el tiempo de la caminata.

Una cirugía podría ser necesaria cuando la mejoría de la salud cardiovascular no basta para lentificar el avance de la enfermedad arterial periférica. Las opciones incluyen procedimientos para destapar las arterias estrechas o para circunvalar las arterias obstruidas o estrechas.

 

La pérdida inexplicable de peso puede ser por mala absorción digestiva  

Perder peso sin hacer dieta ni cambios en la rutina de ejercicios puede ser resultado de mala absorción digestiva, o incapacidad del cuerpo de digerir adecuadamente los alimentos y absorber uno o más nutrientes. La edición de marzo de Mayo Clinic Health Letter describe lo que ocurre con esta afección y cómo se la trata.

La mala absorción puede derivar de la alteración de cualquier paso de la digestión. Los síntomas incluyen pérdida de peso, diarrea crónica o heces sueltas, heces más voluminosas de lo normal y distensión abdominal con gases. Es también común la presencia de exceso de grasa en las heces, lo que a veces las vuelve pálidas, voluminosas, grasosas y de muy mal olor. Otros síntomas podrían ser específicos a la deficiencia de ciertas vitaminas. En las personas mayores, los signos y síntomas pueden ser sutiles y difíciles de reconocer.

Las causas de la mala absorción recaen dentro de dos categorías que, en ocasiones, traslapan: dificultad con la digestión y dificultad con la absorción. La dificultad con la digestión puede deberse, entre otros, a una enfermedad o daño del páncreas o hígado, una sobrepoblación de algunas bacterias en el intestino delgado, o una deficiencia en la producción de enzimas que descomponen la lactosa de los lácteos. Las dificultades con la absorción generalmente se presentan cuando el intestino delgado se lesiona o daña debido a afecciones, tales como la enfermedad celíaca o la enfermedad de Crohn. Las infecciones, ciertos fármacos y el excesivo consumo de alcohol también pueden dañar al intestino delgado.

El tratamiento depende de la causa subyacente. Algunas causas, como los trastornos del páncreas o la sobrepoblación bacteriana en el intestino delgado pueden tratarse de manera directa. La enfermedad celíaca y la intolerancia a la lactosa pueden tratarse con cambios en la alimentación. Cuando los problemas subyacentes no son corregibles, tomar vitaminas y minerales por vía oral puede ofrecer el respaldo suficiente para compensar las deficiencias.

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