• By Soledad Andrade

Científicos de Mayo Clinic desarrollan manera de medir con exactitud factor de crecimiento vinculado con el envejecimiento

June 20, 2016

close-up of elderly handsROCHESTER, Minnesota: Los científicos de Mayo Clinic desarrollaron una manera exacta de medir un factor circulante, conocido como GDF11, para entender mejor su posible repercusión sobre el proceso del envejecimiento. Descubrieron que los niveles de GDF11 no descienden con la edad cronológica, sino que se relacionan con señales de edad biológica avanzada, entre las que se incluye a las enfermedades crónicas, la fragilidad y el mayor riesgo operatorio de los ancianos con enfermedad cardiovascular. Los resultados se publican en Cell Metabolism (Metabolismo Celular).

“El envejecimiento es el principal factor de riesgo para la mayoría de enfermedades crónicas y, por ello, es importante identificar y entender los biomarcadores — o indicadores — corporales que se vinculan con ese proceso”, explica el Dr. Nathan LeBrasseur, director del Programa de Vida Sana e Independiente del Centro para el Envejecimiento Robert y Arlene Kogod de Mayo Clinic y autor experto del estudio. “La función del GDF11 como biomarcador del envejecimiento y su conexión con las afecciones propias de la edad ha sido muy contradictoria debido, en parte, a la dificultad de medirlo; pero ahora, hemos desarrollado una nueva manera exacta y eficaz de medir el GDF11”, añade el doctor.

Un problema de las mediciones anteriores era diferenciar entre los niveles circulantes de GDF11 y los de una proteína sumamente relacionada con ella: la miostatina. A fin de superar esa dificultad, los científicos del Centro para el Envejecimiento desarrollaron una valoración cuantitativa sumamente precisa que puede distinguir entre las características de la secuencia de aminoácidos o “huellas dactilares” del GDF11 y la miostatina.

Con esa plataforma, los científicos compararon los cambios relacionados con la edad en el GDF11 y la miostatina de personas sanas de ambos sexos y de 20 a 94 años de edad. Descubrieron que, a pesar de que la miostatina sea mayor entre los hombres más jóvenes que entre las mujeres más jóvenes y descienda en los hombres sanos durante el envejecimiento, los niveles de GDF11 no varían entre los sexos ni descienden con la edad. En otra cohorte separada de ancianos con grave estenosis aórtica, los científicos descubrieron que aquellos con niveles mayores de GDF11 mostraban más propensión a fragilidad y tenían diabetes u otras afecciones cardíacas anteriores. Después de la cirugía para reemplazo de una válvula, el nivel más alto de GDF11 se relacionó con mayor prevalencia de segundas hospitalizaciones y varios eventos adversos.

“Como avance metodológico, nuestra valoración cuantitativa servirá para entender mejor la biología básica del GDF11 y de la miostatina, pues a través de su aplicación, se descubrió que el GDF11 puede ser un biomarcador de la fragilidad y la comorbilidad. Este es un gran ejemplo de lo que significa trasladar la investigación desde el laboratorio hasta la cama del paciente y conlleva relevancia directa sobre las decisiones para el manejo médico”, dice la Dra. Marissa Schafer, fellow posdoctoral en el laboratorio del Dr. LeBrasseur y autora principal del estudio.

El Dr. LeBrasseur coincide en que los resultados pueden tener implicaciones importantes en futuros estudios.

“Poder medir con exactitud el GDF11 permitió demostrar su relación con el proceso biológico del envejecimiento y su vinculación con efectos negativos para la salud en ancianos con enfermedad cardiovascular. Esto constituye un paso fundamental y ahora es necesario realizar  más estudios diseñados para lograr entender de qué manera se puede aplicar el GDF11 como predictor de los resultados sobre la salud y sus posibles ventajas terapéuticas”, señala el Dr. LeBrasseur.

La investigación contó con el apoyo de Robert y Arlene Kogod, la familia Hoeft, la Fundación Pritzker, la Fundación Glenn para Investigación Médica, los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) y el Centro para Ciencias Clínicas y Traslacionales de Mayo Clinic.

Otros miembros del equipo de la investigación incluyen a la Dra. Marissa Schafer, Elizabeth Atkinson, Patrick Vanderboom, Brian Kotajarvi, el Dr. Thomas White, Matthew Moore, el Dr. Charles Bruce, el Dr. Kevin Greason, Rakesh Suri, el Dr. Sundeep Khosla, el Dr. Jordan Miller y el Dr. H. Robert Bergen III, todos de Mayo Clinic.

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