Cardiovascular

Miocardiopatía hipertrófica: Experto explica cuándo es necesaria la cirugía en caso de engrosamiento del músculo cardíaco

Paciente hablando con el médico en la sala de exploración.

ROCHESTER, Minnesota — Enterarse de que un ser querido podría necesitar una cirugía de corazón puede asustar, especialmente cuando también se intenta comprender una afección cardíaca desconocida. En la miocardiopatía hipertrófica, o MCH, el tratamiento suele empezar con medicamentos. Sin embargo, para algunas personas, la cirugía se convierte en la mejor opción cuando los síntomas persisten a pesar del tratamiento médico, explica Joseph Dearani, M.D., cirujano cardiovascular en Mayo Clinic en Minnesota. 

"Es una afección genética relativamente común que afecta a aproximadamente 1 de cada 500 personas. Hace que el músculo cardíaco se engrose de modo anormal, con mayor frecuencia en la pared que separa las dos principales cavidades de bombeo del corazón," dice el Dr. Dearani, titular de la Cátedra Sheikh Zayed de Enfermedades Cardiovasculares en Honor a George M. Gura, M.D. "Como resultado, la vía normal por la que la sangre sale del corazón puede quedar bloqueada." 

Dr. Joseph Dearani

La MCH puede afectar al corazón de dos maneras: el músculo puede volverse obstructivo debido al engrosamiento, o puede volverse rígido. Ambas formas pueden causar síntomas como dificultad para respirar, dolor torácico, fatiga, falta de energía y menor resistencia. La forma obstructiva causada por el engrosamiento del músculo cardíaco es la que la cirugía a menudo puede corregir. La mayoría de las personas con MCH tienen este tipo, por lo que la miectomía septal puede ser un tratamiento eficaz para pacientes debidamente seleccionados, dice el Dr. Dearani, que realiza este procedimiento. 

Los médicos suelen diagnosticar la MCH mediante un ecocardiograma, una ecografía que les permite ver el corazón y medir el grosor del músculo cardíaco. Dado que la MCH es una enfermedad genética, los análisis de sangre pueden identificar algunas mutaciones genéticas. Sin embargo, no todas las mutaciones pueden detectarse con un análisis de sangre, por lo que las pruebas de imagen siguen siendo la principal forma en que los médicos diagnostican esta afección.

Tratamiento

El tratamiento suele empezar con medicamentos como los betabloqueantes, los bloqueadores de los canales de calcio y unos fármacos más recientes denominados inhibidores de la miosina para ayudar a controlar los síntomas.

"La cirugía rara vez es el primer tratamiento que se recomienda. En cambio, se considera cuando los síntomas persisten a pesar de la medicación o cuando los pacientes no toleran su tratamiento médico," dice el Dr. Dearani. "Por eso decidir si la cirugía es el tratamiento adecuado depende no solo del diagnóstico sino también de lo bien que respondan los síntomas a la medicación."

Un cardiólogo con experiencia en el tratamiento de la MCH puede ayudar a determinar cuándo es el momento de considerar la cirugía u otra forma de terapia de reducción septal llamada ablación septal con alcohol, añade. Durante este procedimiento, se administra una pequeña cantidad de alcohol a través de un catéter para reducir una parte del músculo cardíaco engrosado y mejorar el flujo sanguíneo. En general, este procedimiento se reserva para pacientes que no pueden someterse a una cirugía. 

La miectomía septal es una operación a corazón abierto que extirpa la parte del músculo cardíaco engrosado que bloquea el flujo sanguíneo. Durante el procedimiento, las imágenes ecocardiográficas ayudan a los cirujanos a identificar dónde está engrosado el músculo. Luego, las imágenes confirman que el flujo de sangre que sale del corazón y la función de las válvulas cardíacas han vuelto a la normalidad. 

Como cualquier operación de corazón, la miectomía septal tiene riesgos. Cuando la realiza un cirujano experimentado en un centro con experiencia en este procedimiento, el riesgo de muerte o de una complicación grave como un ictus es inferior al 1%, dice el Dr. Dearani. Otra posible complicación es la necesidad de un marcapasos porque la zona de la que se extirpa el músculo está cerca del sistema eléctrico del corazón; en los centros especializados, esto suele ocurrir en menos del 2%. 

Tras la cirugía, la mayoría de los pacientes permanecen en el hospital unos cinco días. La recuperación dura aproximadamente de seis a ocho semanas. Durante ese tiempo, se anima a los pacientes a mantenerse activos levantándose, caminando y moviéndose. La principal restricción es evitar levantar objetos pesados hasta que el esternón sane. A los dos o tres meses, muchas personas pueden retomar actividades como hacer ejercicio, correr y levantar pesas.

"Uno de los mayores beneficios del procedimiento es una notable mejora de la calidad de vida. Las personas que estaban limitadas por sus síntomas antes de la cirugía a menudo pueden retomar después las actividades que disfrutan," dice el Dr. Dearani. "Muchos pacientes necesitan menos medicación tras la cirugía, y otros ya no los necesitan. Cada vez más pruebas sugieren también que la cirugía puede ayudar a las personas a vivir más que la medicación por sí sola."

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