• By Sharon Theimer

Mayo Clinic contribuye a los adelantos de diagnóstico y tratamiento de un trastorno neurodegenerativo poco frecuente

October 28, 2020
Mujer vistiendo una mascarilla y guantes médicos azules, trabajando en un laboratorio de investigación probando muestras de suero

JACKSONVILLE, Florida: Los investigadores de Mayo Clinic desarrollaron, junto con otros colaboradores a nivel mundial y nacional, una posible prueba para la enfermedad de Machado-Joseph o ataxia espinocerebelosa tipo 3, una afección que no tiene cura. También identificaron la función de un gen objetivo relacionado con la enfermedad.

Esta enfermedad hereditaria se asocia con una mutación en el gen ATXN3, que afecta al sistema nervioso central y se presenta en personas de 40 a 70 años con los siguientes síntomas característicos: marcha inestable, pérdida del control muscular y deterioro de los nervios sensoriales y motores. Dichos síntomas pueden ser similares a los de la enfermedad de Parkinson o la esclerosis múltiple. Los investigadores presentaron sus hallazgos en la revista Science Translational Medicine.

Por medio de un estudio retrospectivo, los investigadores buscaban detectar un objetivo molecular que ayude a evaluar los posibles tratamientos de la ataxia espinocerebelosa tipo 3 y el conjunto de enfermedades neurodegenerativas al que pertenece. Los trabajos previos de Mayo Clinic sobre la enfermedad de Lou Gehrig (también conocida como esclerosis lateral amiotrófica) y sobre la demencia frontotemporal con mutaciones en el gen C9orf72 sirvieron para orientar a los investigadores en esta iniciativa.

La ataxia espinocerebelosa tipo 3 se caracteriza por la acumulación de una proteína mutante: ataxina 3 con poliQ. Según los investigadores, esta proteína se acumula dentro de la célula y genera toxicidad al alterar las acciones celulares de múltiples formas. Si bien no se dispone de un tratamiento para la ataxia espinocerebelosa tipo 3, el objetivo es disminuir la acumulación de dicha proteína.

«Logramos desarrollar un inmunoensayo, o prueba, que puede cuantificar la cantidad de proteína mutante en los fluidos biológicos humanos, como el líquido cefalorraquídeo y la sangre de pacientes con ataxia espinocerebelosa tipo 3», señala la Dra. Mercedes Prudencio, primera autora del estudio. «Podemos usar la prueba para establecer la eficacia de los nuevos tratamientos que buscan disminuir la cantidad de proteína mutante». La Dra. Prudencio se desempeña como profesora asistente de neurociencia en la Escuela de Ciencias de la Salud de Mayo Clinic.

«Los pacientes tienen la necesidad insatisfecha de contar con biomarcadores de ataxia espinocerebelosa tipo 3 que puedan indicarnos si los tratamientos dirigidos a las proteínas ATXN3 con poliQ están funcionando», afirma el Dr. Leonard Petrucelli, uno de los autores sénior del artículo. «Si los tratamientos pudieran centrarse más en la disminución de la proteína mutante, en lugar de la proteína normal, esto tendría grandes repercusiones en el área». El Dr. Petrucelli se desempeña como profesor de neurociencia de Ralph B. y Ruth K. Abrams.

Los investigadores también identificaron en las muestras del estudio que una alteración genética denominada polimorfismo de nucleótido único, que ya se había identificado y vinculado a la ataxia espinocerebelosa tipo 3, estaba firmemente asociada con el gen ATXN3 mutante.

«Si bien los niveles de proteína mutante pueden ser un indicio para evaluar si determinados tratamientos de la ataxia espinocerebelosa tipo 3 están funcionando, la alteración genética ampliamente asociada con dicha proteína mutante ofrece una nueva oportunidad para desarrollar tratamientos que puedan dirigirse específicamente hacia ella», añade la Dra. Prudencio. Los resultados del estudio sientan las bases para el desarrollo de ensayos clínicos expeditos sobre los tratamientos de la ataxia espinocerebelosa tipo 3.

Históricamente, la ataxia espinocerebelosa tipo 3 era más frecuente en personas provenientes de las Azores y Portugal. Sin embargo, se encontraron casos de este trastorno en personas de Europa, Asia y América. La cohorte del estudio incluyó muestras de pacientes de todo el mundo, incluidos Japón, México, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suecia y Estados Unidos. Los resultados se validaron por medio de la recolección de muestras de ataxia espinocerebelosa tipo 3 provenientes de países europeos que realizó el Ataxia Centre (Centro de Ataxia), afiliado al University College London (Colegio Universitario de Londres), a lo largo de muchos años.

«Esto realmente fue un esfuerzo internacional de ciencia en equipo», indica el Dr. Zbigniew Wszolek, autor sénior del artículo. «La ataxia espinocerebelosa tipo 3 es un trastorno poco frecuente y complejo, y la colaboración en este trabajo proporciona un gran avance para que, en última instancia, podamos ayudar a los pacientes y familias que sufren». El Dr. Wszolek se desempeña como profesor de neurología en la Escuela de Ciencias de la Salud de Mayo Clinic y fue recipiente de la beca de profesor de enfermedades neurodegenerativas de la familia Haworth.

Como próximo paso en la profundización del estudio de este trastorno neurodegenerativo, los investigadores de Mayo Clinic planean dar seguimiento a los pacientes con ataxia espinocerebelosa tipo 3 mediante el Programa de Ataxia de Mayo Clinic.

El financiamiento de esta investigación provino de los siguientes: los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU.; el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de EE. UU.; Mayo Clinic; y la familia de Donald G. y Jodi P. Heeringa. El Instituto de Neurología de Queen Square del Colegio Universitario de Londres también colaboró en la investigación, con la Dra. y Profa. Paola Giunti, autora sénior correspondiente de este artículo. La lista completa de autores, fuentes de financiamiento y conflictos de intereses puede consultarse directamente en el artículo publicado.

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