Investigadores identifican una nueva vía renal con la ayuda de un fármaco de la década de 1940 que podría mejorar el tratamiento de la enfermedad renal poliquística

JACKSONVILLE, Florida — Investigadores de Mayo Clinic han identificado un mecanismo hasta ahora desconocido mediante el cual los riñones regulan el equilibrio hídrico — un avance que podría dar lugar a mejores tratamientos para la enfermedad renal poliquística (ERP) y otros trastornos. El estudio, dirigido por Fouad Chebib, M.D., nefrólogo de Mayo Clinic, se publica en el Journal of Clinical Investigation.
Los hallazgos amplían décadas de conocimiento científico al revelar una vía adicional que utiliza el riñón para controlar el equilibrio hídrico. Hasta ahora, se consideraba que la capacidad del organismo para concentrar la orina — y prevenir la deshidratación — dependía principalmente de la hormona vasopresina. El equipo del Dr. Chebib descubrió un mecanismo alternativo que actúa independientemente de ese sistema.
“La capacidad del riñón para regular el agua es uno de los procesos más fundamentales del organismo”, afirma el Dr. Chebib. “No todos los días se descubre una nueva forma en que lleva a cabo esa función.”
La enfermedad renal poliquística es una enfermedad hereditaria frecuente que provoca la aparición progresiva de quistes llenos de líquido en los riñones, reduciendo gradualmente la función renal y conduciendo con frecuencia a insuficiencia renal. Afecta a millones de personas en todo el mundo, incluidas unas 140.000 personas en Estados Unidos con la forma más común de la enfermedad, la enfermedad renal poliquística autosómica dominante (ERPAD). Muchos pacientes terminan necesitando diálisis o un trasplante renal.
El equipo del Dr. Chebib estudia cómo crecen los quistes renales en la enfermedad renal poliquística utilizando modelos celulares cultivados en laboratorio. Como parte de ese trabajo, evaluaron compuestos que se esperaba que agravaran el proceso de la enfermedad al aumentar señales celulares relacionadas con el crecimiento de los quistes. Uno de esos compuestos era la probenecida, un fármaco utilizado por primera vez en la década de 1940 para conservar las limitadas reservas de penicilina reduciendo la excreción urinaria de la penicilina.
“Pensábamos que este fármaco empeoraría el proceso de la enfermedad”, afirma el Dr. Chebib. “Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.”
En lugar de favorecer el crecimiento de los quistes, el fármaco lo ralentizó. Tras repetir los experimentos en múltiples ocasiones, el equipo se dio cuenta de que había descubierto algo importante.
Investigaciones posteriores revelaron que la probenecida afecta a la forma en que las células renales manejan el urato, una molécula habitualmente asociada con la gota. En el interior de la célula, el urato actúa como una señal — desencadenando una serie de acontecimientos que ayudan a trasladar canales de agua a la superficie celular. Esto permite al riñón reabsorber agua y concentrar la orina sin depender de la vasopresina, la hormona que tradicionalmente se consideraba responsable de controlar este proceso.
“Esto representa una vía distinta de la descrita en los modelos fisiológicos tradicionales”, afirma el Dr. Chebib. “Demuestra que el riñón dispone de un mecanismo adicional para conservar agua.”
Para los pacientes con enfermedad renal poliquística, este descubrimiento podría ayudar a resolver uno de los mayores desafíos de los tratamientos actuales. La única terapia aprobada, el tolvaptán, actúa bloqueando la vasopresina, lo que ralentiza el crecimiento de los quistes, pero provoca que los pacientes produzcan cantidades muy elevadas de orina — con frecuencia entre 6 y 7 litros al día. Este efecto adverso puede resultar difícil de sobrellevar y lleva a algunos pacientes a interrumpir el tratamiento.
En estudios preclínicos y en un pequeño ensayo clínico, la adición de probenecida redujo el volumen urinario y la micción nocturna, al tiempo que preservó la eficacia del tratamiento.
Tras tomar probenecida, el volumen urinario de los pacientes disminuyó aproximadamente un 30% de media, y pasaron de despertarse varias veces cada noche para orinar a hacerlo aproximadamente una vez por noche. Muchos también comunicaron una mejora de su calidad de vida.
“El objetivo es preservar el beneficio terapéutico del tolvaptán reduciendo al mismo tiempo sus efectos indeseados”, afirma el Dr. Chebib.
A pesar de estos resultados prometedores, los investigadores no tienen previsto apoyarse en la probenecida como solución a largo plazo. El fármaco tiene varias décadas de antigüedad, afecta a múltiples sistemas del organismo y actualmente no está ampliamente disponible. En su lugar, el equipo está utilizando lo aprendido para diseñar terapias más dirigidas.
“La probenecida nos ayudó a descubrir el mecanismo”, afirma el Dr. Chebib. “Nuestro objetivo es aprovechar este conocimiento para desarrollar terapias diseñadas específicamente para esta vía.”
Para el Dr. Chebib, este trabajo tiene sus raíces en una inspiración temprana. Su interés por la investigación renal surgió después de que su padre desarrollara ERP.
“Ha sido un recorrido largo y profundamente significativo”, afirma. “Comenzó con una motivación personal y condujo a algo que, en última instancia, podría beneficiar a los pacientes.”
Para consultar la lista completa de autores, declaraciones y fuentes de financiación, consulte el estudio.
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